Proyecto Huerto

Llevaba ya tiempo con la espinita de hacer mi propio huerto, más o menos desde que mi amiga Silvia empezó a traerme cosas de su cosecha. Tras sopesar varias opciones, decidí empezar el proyecto el verano pasado en mi pueblo, sin embargo, la tarea sería ardua, ya que el emplazamiento elegido era un pedazo de terreno en el corral de la casa de mis abuelos, que había sido sepultado bajo una capa de cemento de unos 10-15 cm, y que anteriormente había sido usado como basurero. En aquella época no existían camiones de la basura, y mi abuelo la llevaba al vertedero municipal con el carromato cada X tiempo. Claro que también, en aquella época se deshechaban pocas cosas: las gallinas, cerdos y perros del corral se encargaban de reciclarlo casi todo.

Lo primero que tuve que hacer era quitar la capa de cemento, para lo cuál usé el martillo neumático de mi padre, que se parecía a esto:

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Tuve la suerte de que en la parte trasera de mi casa, Antolín estaba obrando en una casa, y me dejó tirar la capa de cemento que saqué.

El estado inicial del lugar, era este:

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Una vez quité toda la capa de cemento, tuve que limpiar la tierra y quitar arena de relleno y piedras hasta una profundidad de unos 50 cm, para asegurar que las raíces de lo que plante puedan penetrar bien la tierra. Haciendo esto, me encontré primero unos fósiles de mi padre que mi abuelo había usado “de relleno”, y unas piedras de hierro que se usaban en una forja hace más de cien años cerca del lugar.

Tras arar bien la tierra, procedí a abonarla. Para ello, mi prima me acompañó a la huerta que hay cerca de la laguna sur de mi pueblo, en la que unos hombres tienen 3 caballos y un montón enorme de compost. Este compost es de los mejores que se pueden usar en horticultura, ya que es bastante flojo, y puedes echar tanto como quieras. Trajimos un par de sacos, y los eché por toda la tierra mezclándolo bien.

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Bueno, llegados a este punto, lo que había que hacer era empezar a plantar cosas!

He comenzado plantando un par de brócolis (romanesco y lila) una escarola, una col, una alcachofa, y patatas.

El aspecto que tenía mi huerto en noviembre, era este:

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Nada mal, eh?. Cabe decir, que las patatas nacieron por generación espontánea, a partir de pieles de patatas que mi madre había pelado para hacer el cocido. Emulé la costumbre de mi exsuegra de enterrar montoncitos de pieles de frutas en el huerto a modo de abono, y las patatas fueron una sorpresa esperada a partir de esa acción. Y la cosecha y la tortilla de patatas que hicimos, increíble!! Más orgánicas imposible =)

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Una vez recolecté las patatas, planté en su lugar habas aguadulce que me dio mi primo, dos o tres en cada agujero. Es importante tener en cuenta que una vez has plantado  algo cuyas raíces vayan hacia abajo (patatas, zanahorias, rábanos…) lo siguiente que se ha de planta en ese pedazo de tierra, han de ser cosas cuyo fruto esté en la superficie (brócolis, lechugas…) además, las  plantas leguminosas (guisantes, habas) enriquecen la tierra con nitrógeno y otros elementos. Todo esto entra dentro de la rotación de cultivos, importante para no empobrecer la tierra demasiado.

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Para pasar el invierno, esparcí una capa de paja entre las plantas que quedaban y encima de las habas recién plantadas, y de momento aguanta bien!

Camera 360

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